Capítulo 2
Instrucciones mutuas
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Se turnaron. Primero las suyas: que él se arrodillara y no la tocara hasta que ella lo pidiera. Después las de él: que ella narrara en voz alta lo que quería, sin metáforas, como si el cuarto pudiera grabarlas.
Lo hicieron despacio, con la risa de quienes se desean sin prisa de conquistarse. Cuando por fin se tuvieron, no fue un truco de hotel; fue una pareja que había decidido no volverse educada en la cama. El espejo les devolvió dos adultos sudados y leales, más obscenos por conocidos que por extraños.
Al amanecer, Inés dejó la llave en la mesa y escribió en la lista: «Número cinco: repetir sin hotel.» Daniel firmó debajo, como se firma un contrato que da gusto cumplir.