Capítulo 1
La terraza del Chiado
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Lisboa olía a sardina y a azulejo mojado. Sofía —treinta y cinco, recién llegada del aeropuerto— dejó la maleta y aceptó la copa que le tendía Javier. Marta, su esposa, ya había puesto una tercera toalla en el sofá cama, aunque nadie iba a usarla.
Hablaron del vuelo, del mirador, de lo ridículo que era fingir que esto era solo turismo. Marta fue quien lo dijo, con la franqueza de los treinta y ocho:
—Si te quedas, te quedas con los dos. Si te vas, seguimos siendo tus amigos. No hay trampa.
Sofía bebió. Miró a Javier, que no presionaba, y a Marta, que sí brillaba. Asintió. El acuerdo de tres adultos cabía en un gesto.